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"La adicción a la tecnología y el juego patológico cada vez son más frecuentes en menores"

 

 

Estudiantes de los Grados en Psicología y Educación Social han tenido ocasión de conocer de cerca el ámbito de la atención y tratamiento de las adicciones. Ello ha sido posible gracias a los encuentros con Susana de Vicente, Terapeuta ocupacional, que trabaja en el Centro de Atención Integral al Drogodependiente (CAID) de Alcalá de Henares, quien ha visitado nuestro centro en diferentes momentos del mes de noviembre, invitada por el profesor Pedro Ramírez. Los grupos en los que ha participado son los compuestos por los estudiantes de las asignaturas Psicología de las Adicciones de 4º de Grado en Psicología y de Prevención de Drogodependencias de 4º de Grado en Educación Social. 

¿Qué habilidades tiene que reunir un psicólogo para trabajar con personas drogodependientes?

Capacidad de escucha, empatía, humanidad, no quedarnos mirando la parte mecánica del consumo sino a la persona, con una mirada más abierta. También es esencial la vocación, cuando uno está estudiando tiene determinados ideales sobre lo que será su trabajo, las condiciones, etc. En muchas ocasiones, de las condiciones que esperamos cuando estamos haciendo la carrera a lo que realmente es la realidad laboral, hay mucha diferencia. Por tanto, lo esencial es que tengas vocación para que esa ilusión y motivación que tienes que llevar no se apague con las circunstancias con las que te puedas encontrar sean de la naturaleza que sean.

Para trabajar en adicciones o con ciertos colectivos vulnerables hay que empatizar mucho, valorar las circunstancias que rodean a las personas y una escucha abierta más allá de las palabras. Las personas con adicciones tienen una respuesta tan negativa de la sociedad que es fundamental que encuentren un espacio donde les podamos devolver otro tipo de mensaje, poner otra mirada y otra escucha. Es el principio del éxito y el éxito sería simplemente que vinieran, que consiguierana una adherencia.

A veces se estudia mucho y se adquieren muchos conocimientos y pasamos por alto otras cosas que son las propias de las personas porque todo está en los libros, también está en la actitud.

¿Por qué es importante el perfil profesional del educador social con este tipo de personas vulnerables?

El educador social es uno de los pilares fundamentales porque es el que trabaja a pie de calle. La figura del educador es la llave en este tipo de patologías, sobre todo en perfiles donde hay dependencias severas, una cronicidad y un deterioro muy patente, para que esa persona pueda tener éxito en el tratamiento, porque además es el profesional que está a caballo entre lo formal y lo informal porque en un espacio informal las experiencias, el acompañamiento es mucho más cercano cuando se genera un clima de confianza, por ejemplo, cuando acompañan a un paciente a hacer una gestión, en ese paseo el paciente puede abrirse a hablar algunas cosas que le son imposible hablar en espacio formal, y así trasladar información muy importante al personal de referencia  para poder encauzar la situación de una persona. 

En los últimos años ¿qué nuevas realidades os estáis encontrando en vuestro ámbito de trabajo en el contexto social actual?

Los cambios que experimenta la sociedad se reflejan en nuestro servicio y en los problemas de las personas. Por ejemplo, hemos detectado una evidente normalización del cannabis. Ha habido un discurso social favorable a esta sustancia que ha calado sobre todo en una población joven muy influenciable y que muchas veces recurre a fuentes de información poco fiables. Hemos registrado un importante incremento de atención a menores de edad, a consecuencia de esta normalización del consumo dek cannabis, incluso en las propias familias. Antes en las familias, los jóvenes podían normalizarlo pero los padres éramos contenedores de que estos consumos no se llevaran a cabo o, al menos supervisábamos, pero ahora cada vez más hay familias que normalizan “si fuman porros tampoco pasa nada”.

Nos llama la atención que la adicción a la tecnología y el juego patológico cada vez son más frecuentes es menores de edad. La adicción a la tecnología está teniendo un gran impacto. En los últimos años, ha crecido considerablemente la demanda o la preocupación que desde profesionales y familiares hay por el uso desregulado que los chavales están teniendo con los dispositivos tecnológicos. Por ello, los centros de adicciones como el nuestro hemos ido asumiendo esta problemática porque teníamos capacidad para atenderla, pero debido a su crecimiento, se ha hecho necesario poner recursos específicos para este tipo de población.

En los últimos cuatro o cinco años, también se está extendiendo el juego patológico. Antiguamente, el juego patológico venía asociado a los bingos, casinos y tragaperras. Ahora se está extendiendo el uso del juego en una población cada vez más joven, motivado  en muchos casos por las apuestas online que no están reguladas y que practica una publicidad muy invasiva, ese doble juego que parece que puedes ganar un montón de dinero y no te das cuenta de que puedes perder.

Las adicciones sin sustancias están ganando bastante terreno en los últimos años, la pandemia y el confinamiento han influido también en este tipo de conductas para suplir la evasión de lo que las personas estaban viviendo en ese momento.

¿Qué puede aportar la universidad en la prevención y mejora de la vida de las personas con algún tipo de dependencia?

Podéis aportar desde los planes de estudio, yo creo ya lo estáis aportando, formando personas capacitadas, pero también potenciando los aprendizajes de habilidades y actitudes personales. Para trabajar con personas con adicciones y otros colectivos vulnerables es esencial un perfil humano con actitud de apertura y de escucha, que en la Universidad se formen profesionales con la capacidad de mirar bien a las personas, sin prejuicios ni etiquetas. Hay unas cualidades que son intrínsecas a las personas pero hay otras que se pueden enseñar. Es esencial que en las aulas se aprenda a tener esa mirada, esa actitud, esa calidez humana con la que necesita encontrarse este tipo de colectivos vulnerables. Cuando se trabaja con personas, como es el caso de los psicólogos, educadores sociales o maestros, los conocimientos por si solos no son suficiente, hay que aprender también a tener esa mirada.

Más información: 

El CAID de Alcalá de Henares es un centro integrado en la red asistencial para las adicciones de la Comunidad de Madrid, además integrado mediante convenio a nivel funcional con la Concejalía de Salud y Consumo del Ayuntamiento de Alcalá de Henares. Las prestaciones del CAID se agrupan en cuatro servicios esenciales, como el de Información y Orientación; Valoración, Diagnóstico y Plan Terapéutico; Seguimiento y Control Terapéutico y Atención Familiar. 

Atención al público: de 09:00 a 21:00 horas de lunes a viernes.
Tels: 91 877 17 40 - 901 350 350
C/ Santiago, 13- 1º. 28801 Alcalá de Henares (Madrid)
plandrogas@ayto-alcaladenares.es

 

 

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